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Conferencia de Prensa

 

Se inicia Jornada de Poetas, Troveros y Verseadores con delegación artística de Colombia y conferencia de Lolita Acosta

 
Queridos amigos, comparto con ustedes esta alegría y les anexo el texto de mi intervención y fotografías de tres momentos del primer acto de este encuentro maravilloso con creadores e investigadores de la décima y el verso improvisado de Cuba, Argentina, Panamá, República Bolivariana de Venezuela, Chile, Colombia y México.

Por Colombia participan Martín Lozano, Rey Vallenato de la Piqueria 2009, y Juan David Atencia, niños vallenatos improvisadores, alumnos de la Escuela del “Turco” Gil, con sede en Valledupar, y el joven exponente de la trova paisa, Robinson Marín, más conocido como “Cocoliso”, de la Escuela de Trova Paisa del maestro Orlando Velázquez Velásquez, con sede en Medellín.

 


La Jornada, con una inversión cercana a los 140 mil dólares en aportaciones económicas y en especie, nos lleva en una gira por Querétaro, Cadereyta, Peñamiller, Jalpan de Serra, Conca, Arroyo Seco, Purísima de Arista, Landa de Matamoros, Agua Zarca, Xilitla y Río Verde al total de las delegaciones integradas por 11 personas de Cuba, 14 de Venezuela, 4 de Argentina, 4 de Colombia, 2 de Chile, 7 de Panamá y 22 de México.

Regresaremos a Colombia 19 de agosto.
Nuestro abrazo sincero,

LOLITA ACOSTA
http://reyesyjuglaresvallenatos.wordpress.com/

 

Oralidad e improvisación en la tradición vallenata y paisa de Colombia

 

Ponencia de:

LOLITA ACOSTA (Colombia)

 

Saludo a todos los presentes, en especial a los organizadores de esta Segunda Jornada Iberoamericana de Niños y Jóvenes Poetas, Trovadores y Verseadores, destacando la tesonera labor de los compañeros, profesor Junípero Cabrera Berrones, director del Museo Histórico de la Sierra Gorda, y de Jorge Hugo Márquez, quienes en los momentos más difíciles siempre mantuvieron la cordura y la fe en nuestra participación en este gran evento, desde el año pasado.

 

Estamos supremamente agradecidos de que esta Jornada esté dedicada a nuestros niños verseadores de Colombia y Venezuela, dos países hermanos, con una historia común, con un Libertador común, con una lengua, unas costumbres y unas tradiciones comunes. Gracias por este gesto de amistad. Lo hemos propagado a través de todos los medios a nuestro alcance y traemos el mensaje de gratitud de todas las regiones de Colombia donde los creadores y poetas son un símbolo de nuestra cultura.

 

El año pasado nos llegaron las noticias de los resultados exitosos de la primera Jornada, este año se confirma, con la presencia de siete países: Argentina, Cuba, Colombia, Chile, México como anfitrión, la República Bolivariana de Venezuela y Panamá, el acierto en la organización de éstas, y desde ya, una vez en Colombia, comenzaremos a promocionar la participación el año próximo y los años siguientes, de nuestro país, en donde la versificación improvisada florece como verdologa en playa, enraizada como está en el alma popular, en su música y en su canto como parte fundamental de su cultura.

 

Tanto apego hay a ese verso espontáneo que libre brota de la mente de nuestros cantantes, que no hay espectáculo popular en Colombia, en especial en la costa Caribe, que no termine en piqueria. La piqueria es ese momento que se da a altas horas de la noche o ya entrada la madrugada, cuando los artistas populares que han participado en el espectáculo y ya algo y a veces bastante influenciados por los efectos del licor, se retan a versos, aprovechando la ocasión para sacarse el clavo, o sea cualquier resentimiento que tengan, o dirimir rencillas nacidas por la rivalidad artística o de otra naturaleza, pero también es un espacio, al final de la fiesta, que se utiliza para felicitar a los organizadores, saludar a la concurrencia, apoyar las campañas políticas, criticar al gobierno, destacar a algún personaje protagonista de las noticias del momento o simplemente para tocar el corazón de la dama en conquista.

 

Lastimosamente, por muy usual que sea, el cantante popular nuestro carece de profundidad, descuida la estética y sus versos carecen de contenido porque su vida es una carrera de doloroso ascenso en medio de las luminarias de la competida mercantilización de su arte. Sin embargo logran trascender improvisaciones como las de Poncho Zuleta, artista vallenato de aproximadamente 60 años, y de su sobrino Iván Zuleta, que logran transmitir valores y mensajes con un trasfondo cultural de entre los cuales se puede realizar una lectura sociológica de su comunidad de origen.

 

Hay que ir entonces al campo, a las pequeñas aldeas, donde la inspiración y la motivación del poeta continúan siendo la naturaleza que le rodea, el canto de los pájaros, la cantarina corriente de los ríos, la lucha por la supervivencia en medio de la pobreza y el abandono por parte del Estado pero en donde la presencia de Dios se siente más cercana, tanto en la abundancia como en las carencias, según el plan, dicen, “que Él tenga para cada uno de nosotros”. En este sentido nuestros verseadores son convencidos teístas con adoraciones a un santoral que lo cubre todo, desde la ayuda para un dolor de muelas hasta la búsqueda de la pareja ideal y la prosperidad de las cosechas.

 

Este amor que se siente y este respeto que existe por la cultura ancestral, y que es lo que se llama sentido de pertenencia, es lo que ha hecho que surjan certámenes en todo el país, de eventos, concursos y festivales donde la presencia del verseador es infaltable, y que son a la vez la expresión de la diversidad cultural en Colombia.

 

Y ya que hablamos de diversidad cultural, la cual está definida a la vez por esa gran diversidad de climas que tiene Colombia, de topografías, ambientes, flora y fauna, y por esa gran mezcla de razas originada por el proceso de invasión a nuestro territorio iniciado por los colonizadores del siglo XV, ya que nos han dado tiempo suficiente, penetremos, a manera de vuelo de pájaros, en esa otra rica e inmensa variedad de costumbres, modos de expresarse, maneras de ver la vida, formas de ser, que son, en suma, lo que se conoce como folclor, presentes en Colombia.

 

Fue el folclorólogo Guillermo Abadía Morales (mayo 1912 – enero 2010, autor de más de 25 libros sobre cultura musical, folclor e identidad y cuyo libro de mayor acogida, por ser el único escrito en Colombia para la educación universitaria en Folclorogía, es el “Compendio general de folclor”, cuya primera edición salió en 1970 y ya con 6 ediciones y un total de 40.000 ejemplares publicados), este investigador, Guillermo Abadía Morales, dividió a Colombia en 5 grandes regiones folclóricas o de cultura popular tradicional:

 

1) Andina:

 

Región montañosa, la más extensa de todos, la más poblada y la de mayor influencia y dominio social, económico y político.

 

Está comprendida por los departamentos de: Nariño, Cauca, Valle, Huila, Tolima, Caldas, Quindío, Risaralda, Antioquia, Santander, Norte de Santander, Boyacá y Cundinamarca, habitados mayormente por gente de piel blanca.

 

Allí imperan los bambucos, los torbellinos, las guabinas, rajaleñas, sanjuaneros, guaneñas, bundes, cañas y cañabravas, las vueltas, fandanguillos y pasillos, y como instrumentos musicales: el tiple, la guitarra, la bandola, la lira, las flautas de carrizo y distintos tipos de tambores, entre otros.

 

2) Llanos Orientales:

 

Es la llanura vecina de la República Bolivariana de Venezuela. Es ese verde mar vegetal y mineral donde impera la vida silvestre, al aire libre, donde se corretea el ganado y se canta a voz en cuello. La componen los departamentos de: Casanare, Arauca, Meta y Vichada.

 

Sus cantos, tonadas y danzas se confunden con los de sus vecinos, tierra de joropo, galerón, zumba que zumba, pasaje y seis, y de instrumentos musicales típicos para su interpretación como el arpa, el cuatro, el requinto, la carraca y los capachos.

 

3) Amazonia:

 

El gran pulmón planetario. La reserva de oxígeno de la humanidad. Se mantiene virgen, con sus comunidades autóctonas viviendo, en gran medida, sus costumbres primitivas, compartida con una población mestiza, campesina, de poca influencia en la vida nacional. Salvo por ser territorio que, por su abandono por parte de las esferas del poder central, es el escenario de todo tipo de actos ilícitos.

 

Allí se localizan los departamentos de: Putumayo, Caquetá, Amazonas, Vaupés y Guainía.

 

Su folclor está determinado por las costumbres milenarias de sus habitantes y es más bien poco conocido. Flautas, instrumentos musicales de sacudimiento fabricados con semillas y maderas y distintos tipos de tambores componen su organología musical. Las danzas rituales y de celebración están presentes en su vida cotidiana.

 

4) Litoral Pacífico:

 

Es la costa sobre dicho océano, al occidente del país. Comprende todo el departamento del Chocó y lo que tienen sobre el océano Pacífico los departamentos del Valle, Cauca y Nariño. La presencia del negro es lo más notorio en ella. Es la región más pobre de Colombia, pese a ser la más rica en recursos minerales como el oro. Habitada mayormente por gente de piel negra.

 

Entre sus cantos, músicas y danzas encontramos el currulao, el patacoré, berejú, aguabajo, makerule, pango, andarele o amanecer, madruga, tiguarandó, saporrondo, calipso, tamborito, juga, caramba, pregón, bunde, alabao, salve, arrullo, villancico, romance, danza, contradanza, polka, mazurca y jota, y como instrumentos musicales: la marimba de chonta, los cununos, la tambora o bombo, el redoblante y los guasás, sonajas y jucos.

 

5) Litoral Atlántico:

 

Es nuestra costa norte, la del mar Caribe, de gente abierta y franca, creativa, fiestera pero melancólica. A esta gran región pertenecen: parte de Antioquia, 7 departamentos continentales: Cesar, Guajira, Magdalena, Atlántico, Córdoba, Sucre y Bolívar y uno insular: San Andrés y Providencia.

 

Aquí encontramos unas músicas negras e indígenas casi puras y triétnicas o sincréticas.

 

Las músicas y cantos triétnicas vigentes son: la cumbia, el bullerengue, chandé, mapalé, abozado, gaita o porro palitiao, puya o porro tapao, zafra, cantos de vaquería, cantos de lumbalú y la vallenata que a la vez se subdivide en paseos, merengues, puyas y sones.

 

En el instrumental tradicional de esta región, y ya para cerrar este capítulo, me voy a detener un poco. Vale la pena hacerlo. Es tan variado como variadas son las 43 subregiones culturales que la componen.

 

Así, por ejemplo:

 

El de la cumbia consta de dos tambores, una tambora o bombo, un guache, una maraca y una caña de millo, conjunto que, al introducirle el acordeón, aparece la cumbiamba que se baila como la cumbia, pero las bailarinas no llevan velas en la mano. La cumbia es un aire dominante en los departamentos del Magdalena, Atlántico, Córdoba, Bolívar y Sucre.

 

El chandé, que es un baile de Nochebuena con cantos improvisados o tomados de la tradición oral, se interpreta con una tambora, un tambor macho, dos guacharacas y un par de maracas o un guache.

 

Para el mapalé se emplea tambor, maracas y guacharaca, lo demás corre por cuenta del palmoteo y las voces de la concurrencia y es una danza, canto y música de pescadores haciendo alusión a su actividad y a los sucesos del momento.

 

El abozao también es un canto tradicional de pescadores del río Magdalena.

 

La gaita o porro palitiao es una modalidad rítmica de la cumbia. Lo de palitiao se deriva de que en su interpretación, cuando el bombo hace la pausa para los estribillos, se golpea en el aro del bombo a manera de cencerro.

 

La puya o porro tapao es cuando en su interpretación jamás deja de tocarse el bombo y a cada golpe que se va dando con la porrera, se tapa el parche opuesto con la mano, para que no vibre. Esto se llama tapar. Dicen los viejos que, en su tiempo, esta era una danza suelta. Hoy es de pareja cogida y es de mucha popularidad. E igualmente, hoy, el porro, palitiao o tapao, son músicas de banda.

 

La zafra es un canto de labor de las sabanas de Bolívar. Las coplas se cantan haciendo arabescos con la voz. Sus notas agudas recuerdan el cante jondo, pero también las canciones de laboreo africanas.

 

La zafra funeral se entona en las excavaciones de sepultura e inclusive durante el funeral mencionando lo que vida fue, hizo o dejó de hacer el difunto.

 

Los cantos de vaquería son de la misma familia de la zafra, con las mismas características: cantos de labor, arrastre de la voz, arabescos en el canto, sólo que aquí se observa la habilidad del repentista en la rima y la métrica exactas y en la velocidad de su respuesta.

 

El velorio de angelito, bunde, lumbalú o ritual de los muertos característico de San Basilio de Palenque tiene un tambor líder llamado pechiche, de tres metros de longitud con parche de cuero de venado.

 

Hasta aquí pues, a manera de sobrevuelo, el mapa cultural de Colombia, visto desde su alma cantoril, musical y dancística y dejando, para continuar, el tema de la oralidad y la improvisación como formas de expresión de la cultura tradicional.

 

Sea dicho que desde el Ministerio de Cultura estas expresiones han tenido en los últimos años mucho apoyo, igual que desde las gobernaciones y administraciones municipales mediante el patrocinio de investigaciones, publicaciones, ediciones de discos, programas de televisión, realización de festivales. Es decir, existen programas concretos para la difusión de este Patrimonio, pero han faltado programas de formación poética. Es algo de lo que adolecen todas las músicas en Colombia, a excepción, lo podrá decir aquí mi compañero, el joven Robinson Marín, de la trova paisa, que si tienen escuelas, como lo detallará él más adelante.

 

De educación artística estamos bien. Hay escuelas de música en el 99 % de los municipios. Lo que no hay es formación de poetas. El arte de la palabra sigue siendo un don con el cual se nace y en la práctica se pule y se cultiva. Tenemos talleres literarios durante todo el año, pero están todos más orientados a la formación de escritores. Que yo conozca, no hay uno solo orientado a dar las pautas, reglas, estrategias, caminos, de la improvisación versificada, salvo, y aquí está la otra excepción que confirma la regla, lo que hacen los compañeros de la sabana, la región de donde viene Marticito, donde cultivadores de la décima como Alejandro Martelo, Rafael Pérez García y Rafael Pérez López, Filiberto Hernández y otros le pusieron la regla decimal a la enseñanza de las matemáticas y la geografía.

 

El repentista o improvisador más que un poeta es un historiador. Por lo menos en Colombia esto es muy evidente y lo vemos muy claro en los programas de radio, donde la nota picaresca, la sátira y la crítica política están al orden del día, y aunque no existe un movimiento pujante de repentistas, éstos luchan por sobrevivir, formando parte de los festivales musicales, como un agregado de éstos. A excepción de la expresión de la trova paisa (que se hace en cuartetas) que ha logrado abrirse sus propios espacios y experimenta con la apertura de escuelas, como la que aquí representa el joven Robinson Marín Lopera, proceso liderado por el maestro Orlando Velázquez Velázquez, en la ciudad de Medellín, con un grupo de jóvenes trovadores entre los 14 y los 23 años, capacitándolos en temas como el ritmo y la rima en la trova, enriquecimiento del léxico inculcándoles el amor por la lectura y la escritura, la formación musical aprendiendo a manejar el tiple como instrumento principal en la trova paisa, y otros instrumentos como la guitarra, la bandola, el cuatro, el requinto y la percusión (bongó, tambora, marrana, quiribillos, maracas y raspa, entre otros), las formas estróficas (la cuarteta, la quintilla, la sextilla, la octavilla, la décima, la seguidilla, tanto en la trova paisa como en la piqueria, el contrapunteo o el rajaleñas, villancicos, chandé, zafra u otras formas en donde se da, tradicionalmente, la improvisación como vía de transmisión de la oralidad.

 

Es un curso proyectado para 200 horas y que se llama "Formación de Formadores en Repentismo" en la medida de que a la vez de que se van formando, esos mismos alumnos van formando a otros.

 

Pero como ya lo dije son muy pocos los espacios de radio y televisión concedidos a la tradición oral de la décima o el verso improvisado, en comparación con los otorgados a otras expresiones, la música contemporánea grabada, por ejemplo. De modo que es más bien poca la difusión que estos géneros tienen. Son pocas las personas que tienen oportunidad de conocer a estos creadores. Ciertamente pasarían totalmente inadvertidos si no fuera por los festivales, quedando reducidos al círculo de amigos donde el verso brota en cada circunstancia festiva de la vida, acompañado de licor y como remate de la celebración.

 

Bien sabido es que la versificación improvisada, bien sea en cuartetas (o versos de 4 palabras como les llamamos los vallenatos) o en composición decimal octosilábica, es un género que nos une a todos los países iberoamericanos. Es para nosotros pues una tradición poética que compartimos.

 

Qué buen que surjan eventos como este, pero vean la diferencia. Aquí nace como resultado del Programa de Formación de Niños y Jóvenes Huapangueros impulsado por el Instituto Queretano de la Cultura y las Artes. Allá hacemos primero la fiesta, pero nos quedamos sin la formación.

 

Son maneras de ver la vida. Lo importante es que estamos apuntados a mantener viva esta tradición con todo lo que ello significa. Por ejemplo, el estar abiertos a los cambios.

 

Quienes hoy nos acercamos a la sexagenaria edad nos levantamos en un mundo muy diferente, donde las cosas pasaban de una manera que percibíamos más fresca, natural y cotidiana.

 

Las tradiciones, usos y costumbres iban y venían sin importarle a nadie, porque no había miedo de perderlos, el tiempo pasaba de manera lenta, de modo que teníamos tiempo (válgase la redundancia) de habituarnos a los cambios sin grandes asombros. La palabra del abuelo se respetaba por el solo hecho de ser la palabra de abuelo. Pero llegaron los especialistas y la industrialización y el tiempo adquirió un valor similar al del oro y el hombre vio la necesidad de preservar el pasado. Nunca como hoy esa necesidad y los esfuerzos que se hacen en ese sentido han sido tan fuertes y tan vitales, echando mano, incluso, de las herramientas más modernas, como la comunicación virtual o la vía Internet.

 

Festivales, Encuentros, Publicaciones, Congresos y Coloquios se convocan en nombre de la expresión oral improvisada y nuevos aires vienen a renovar su vitalidad.

 

Decimistas y decimeros, juglares y payadores, trovadores y troveros, repentistas, copleros y coplistas, versadores todos de la poesía oral improvisada, han comprendido, en las distintas partes del planeta donde esta tradición se haya presente, que sólo descifrando los signos de su tiempo podrán seguir ejerciendo este arte tan primitivo y original del ser humano, tanto que hoy podemos decir que es una necesidad de las que no pierden vigencia.

 

Tradición oral y el arte de la improvisación versificada se necesitan mutuamente. La una engarzada en la otra se deben sus propios desarrollos. La décima, por ejemplo, lo dijo Waldo Leyva: -“Es mucho más que una estrofa literaria y constituye un signo de identidad”.

 

Identidad que, en nuestros países, así como ocurre en todos los demás países de latinoamericanos, está ligada a la vida campesina, a las actividades agrícolas y ganaderas. De esta manera, nuestros más significativos cultores de la décima, como lo fueron Luis Gregorio Maestre Acosta, nacido en Carrizal; Sebastián Guerra, nacido en Rincón Hondo; Chú Triana; Ángel Silva Martínez, oriundo de Pivijay; Nicolás Reales Martínez, nacido en Valledupar aproximadamente en 1894; José María "El Ciego" Martínez Armenta; Emiliano Zuleta Baquero, el de la famosa “Gota fría” compuesta en décimas, fueron personas totalmente iletradas como lo es el gran Leandro Díaz, compositor ciego de gran renombre.

 

La décima que se cultiva en Colombia y principalmente en la Sierra Nevada de Santa Marta y en sus valles aledaños, es llamada décima espinela. También se la cataloga como décima glosada o con cabecilla por llevar a su inicio una estrofa de 4 versos, cada uno de los cuales debe aparecer al final de cada una de las 4 décimas glosadas. También se le llama décima con redondilla, la cual no está presente en la décima que se hace en la sabana, pero si en la del Pacífico.

 

Se dice que la décima llegó a nosotros con los misioneros, quienes la emplearon como vehículo de recordación de sus prédicas y conversión de negros y aborígenes al catolicismo.

 

Este hecho histórico, entre otras cosas, salvó a la décima de desaparecer de la faz de la tierra, pues en Europa ya había entrado en declive cuando se dio este florecimiento en el Nuevo Mundo, donde, al abrigo de la tradición oral, llegó hasta nuestros días revitalizada con adornos lugareños aportados por los campesinos, obreros y pescadores criollos y mestizos que le hacen sus aportes conservando viejos textos o vertiendo en su estructura hechos y acontecimientos recientes.

 

Es así como llegamos a conocer detalles de la muerte, en 1894, del General Rafael Uribe Uribe:

 

Las virtudes de los pueblos

son los hombres honorables

que trabajan incansables

por su patria y por su suelo

pero ya hoy se ha roto el velo

de la venganza y la infamia,

vendrán naciones extrañas

a querernos subyugar,

y por el suelo arrastrar

la bandera colombiana

 

Desdichado y triste el día

de su asesinato cruel,

el 15 de octubre fue

que murió con agonía,

por su grande señorío

lo meten en un sitial

como ilustre General

que en sus campañas dio prueba

y quiso Dios que muriera

no de muerte natural

 

Aparte de las décimas glosadas, existen para nosotros las décimas sueltas, las cuales no tienen un número determinado de ellas, respondiendo al desarrollo de un tema. También las hay de pie forzao, que es cuando un verso se repite al final de un indeterminado número de décimas.

 

Aunque no es muy frecuente, hemos visto la décima encadenada, que es cuando, en una piqueria o desafío, el poeta le arrebata al contrincante el último verso y con él comienza su décima.

 

Nuestra décima siempre ha sido cantada. Aunque viejos textos señalan el acompañamiento con guitarra, hoy la encontramos a capela, cantada en un cierto estilo arcaico. En círculos académicos la encontramos recitada. Y puede ser improvisada, transmitida o recreada.

 

Hasta el siglo pasado, el custodio, portador, transmisor, revitalizador y creador de la décima era un poeta iletrado. Debo reconocer que, a partir de 2001, gracias a la feliz realización del Foro Internacional de la Décima y los Decimeros, con el padrinazgo de Waldo Leyva y de Maximiano Trapero, en Valledupar, poetas y compositores vallenatos consumados como José Atuesta Mindiola y Julio César Daza Daza, pasaron a las huestes de los decimeros con relativo éxito, es decir con presentaciones frecuentes en eventos culturales y con libros y CDs publicados, ganándose la admiración del pueblo.

 

A manera de conclusión añadimos:

 

Como una de las artes populares que es, la improvisación se aprende sola, pero también se ha demostrado que el improvisador se hace, se forma al juntarse con otros repentistas.

 

Eventos de reconocimiento o visualización como estos ayudan a fortalecerla, revitalizarla, a multiplicar el número de sus protagonistas y ellos seguirán cantándole a lo mismo: al amor, a la tierra y la mujer, al paisaje, a la madre y a la problemática social.

 

Amantes de la parranda y el alcohol, los mejores momentos de la inspiración poética se hacen sentir con los primeros tragos. -Sin trago no se puede cantar- dicen ellos.

 

La oralidad fue primero y luego vino la escritura y con ella la literatura. Lo anterior da para afirmar que la literatura se alimenta de la oralidad y ésta de aquella, en un círculo virtuoso creativo y fecundo.

 

Dándole crédito a los hallazgos del investigador José Peñín, quien en 1997 publicó un libro que había escrito 20 años atrás, apoyado por el Consejo Nacional de la Cultura, en Caracas, Venezuela, no siempre el verseador iletrado es tan bueno y original como parece. La mayoría de las veces se nutre de versos aprendidos, de estrofas recogidas a lo largo de sus viajes y correrías de pueblo en pueblo. Esto se vio muy frecuentemente entre nuestros autores vallenatos, que aun después de muertos, siguen disputándose sus autorías de paseos, merengues, puyas y sones.

 

Con versos aprendidos llegan muchos concursantes a los festivales. Eso es inevitable. Pero, a pesar de esto y de todo, su carácter de significar un reto permanente al ingenio y la capacidad creadora, a la improvisación esto la hace poderosa y es su mayor fortaleza.

 

Visto así, que los trovadores copian, crean y recrean, son ellos quienes impulsan su arte, esa corriente poética tradicional que viene desde el principio de los siglos, que recorrió largos trayectos por la vía oral pero que también llegó a nosotros por la escritura.

 

Ese modo antiguo de decir las cosas, de manera acentuada y rítmica, asonante o consonante, vivirá en el presente su siglo de oro. Mientras nosotros así lo queramos. Ya lo reconoció el tantas veces mencionado, Waldo Leyva, quien en breves instantes recibirá aquí, en la Plaza de Armas, la Presea de la Jornada Cucalambeana. Él dijo: -“Los poetas de hoy son mejores que los de antes”.

 

Y si aquí en México tuvieron su Sor Juana Inés de Cruz, en Cuba a Manuel de Zequeira y después a Nicolás Guillén, para citar a alguien con aire citadino, o al Indio Naborí encabezando la renovación desde su tierra campesina, el resto de América no se queda atrás y aquí está presente, en estos jóvenes y estos niños que son el futuro, con su propio peso específico, haciendo parte de nuestra propia historia, siendo una pieza clave de resistencia a la desaparición de nuestras raíces.

 

Sin embargo, tenemos ante nosotros, como siempre, el desafío de su supervivencia, enormes retos tenemos ante nosotros ante el empuje de las nuevas formas de uniformización cultural, de las nuevas formas del colonialismo económico, político y social que atentan contra las estructuras del mismo orden de las pequeñas comunidades nacionales.

 

Muchas gracias y le doy paso a mi compañero, Robinson Marín, para que cuente su experiencias como alumno del maestro Orlando Velázquez Velázquez.

 

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